lunes, 6 de julio de 2015

TANGO POUR DES ESSEINTES - Alfonso Sola González



En memoria de Miguel Angel Gómez, el poeta asesinado
“Yo soñaba con una Tebaida refinada, con un desierto confortable, con 
un Arca inmóvil y tibia en donde refugiarme lejos de la tontería 
humana” 
Floressas des Esseintes
“Pero no ves gilito embanderado 
Que la razón la tiene el de más guita” 
Discépolo
“Tu n’heritéras a ma mort 
Qu’un nom déposé sur un livre” 
Tudor Arghezi
« Y el amor que haga siempre imposible el olvido; 
y la revolución que a los hombres devuelva 
sus potencias divinas” 
Miguel Angel Gómez


Vuelves des Esseintes,
Vuelves de tu diván y el libro rojo y gris
Escrito a perla cerrada.
Vuelves de una noche de Fontenay-au-Roses,
De una noche escondida en una pobre piedra,
El hidrófano
Que sólo arde en el agua muerta;
Y vuelves con tu barba de porcelana de París de noviembre
Mecida por el aire de los viejos jarrones de Fontenay
Y los ojos de hortensia de tus amigos sin esperanza.
Viejo, querido, mentiroso Floressas des Esseintes.
Vuelves cuando todas las puertas están cerradas
Y aún no hemos olvidado la canción del castaño
(Te acordás, ahora, milonguita, del barrio perdido?)
En los bosques cercanos a París
Los burgueses almuerzan sobre papeles
Y has tenido piedad por el cristiano
Que muerde la cebolla y el pan
Y lee su evangelio, su novela de milagros terribles
Y se arrodilla el domingo en Notre-Dame
Roído por tus uñas de ópalo lunar.
Pero ten piedad, también, por Jean des Esseintes,
Por las plumas de absintye
Que caen de su corona dulcísima
Rodeada por los cerdos asados
Que con ojos azules
Esperan a la vieja señora de los mercados.
Los burgueses se aúnan en los bosques
cercanos a París
y el viento como una gran iglesia se deshace
arrastrando los papeles dorados por la grasa y el amor
sobre los puentes del Sena
hacia el mar
que sólo es una gota de agua seca,
en el botón de tu chaleco
de magnolia perdida.
Y hablábamos de ti, des Esseintes
Y pensábamos que ya regresabas, en el coche, a Fontenay
Y los panales de la antigua esperanza
Parecían luciérnagas espiadas por los turistas
Cuando salíamos del Hotel de Chinois
(Te acordás Marguerite?)
Y caminábamos silbando el tango de Gardel
Y alguien venía desde lejos
Resplandeciendo en el escorpión de un anillo, que era otro amor, tal vez.
Y era el verano o el otoño.
Y en las vidrieras había telas
Dibujadas con mapas anteriores
A los viejos países de la vida.
(Recordás las ventanas volando sobre los bosques rojos
Y, otra vez, un triste baile del 14 de julio embanderado)
Esta es la jaula de la lluvia
Este es el pájaro del Sena
Que ha cantado en Sainte-Chapelle
Para tu pobre vida,
Para los perros ciegos que ladran todavía en mi alma.
En el viejo boliche de la calle Maipú
(Te acordás, vos también, Miguel Angel?)
Pensábamos el tango que no tuviera fin en la vida ni en la muerte.
Aquí comienzo a escribirlo, tal vez,
Cuando Jean des Esseintes
Regresa en el viejo coche vacío
A Fontenay.


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